QUEMADURAS SOLARES: PROTEGIENDO A LOS NIÑOS

PATRICIA MARTÍNEZ CEPAS

En España, las quemaduras son las lesiones agudas más frecuentes originadas por la radiación del sol. Se ha demostrado que la exposición solar, además de acelerar el envejecimiento de la piel, aumenta el riesgo de cáncer cutáneo. En los últimos años, ha aumentado considerablemente la incidencia de éste. Las personas de piel clara, lactantes y niños pequeños (menores de 3 años) son el grupo de mayor riesgo.

La quemadura solar está provocada por la radiación ultravioleta del sol. Cuando la quemadura es leve produce un eritema en la zona de la piel expuesta. Si es más intensa, el eritema se asocia a edema, vesículas o ampollas. Estas lesiones, en función de su gravedad, darán lugar a una hiperpigmentación o a una descamación durante su curación.

Síntomas

Los síntomas incluyen molestias ligeras al tacto, prurito, quemazón, sensación generalizada de calor e incluso dolor intenso. La radiación solar intensa directa sobre la cabeza, puede dar lugar a una insolación, cursando con fiebre, escalofríos, náuseas, cefaleas, rigidez de cuello, etc.

Una vez establecida la quemadura, las compresas húmedas alivian considerablemente gracias a su efecto refrescante. Posteriormente es recomendable la aplicación de cremas específicas que hidraten y calmen la piel.

Tras conocer los importantes efectos secundarios de la exposición solar, y sabiendo que prácticamente la mayoría de las quemaduras se producen en presencia de los padres u otros cuidadores. Nos planteamos si, como adultos, ¿podemos evitarlas en nuestros hijos? Se ha demostrado que tomar medidas adecuadas de protección solar en los primeros 15-20 años de vida, disminuye considerablemente la incidencia de cáncer cutáneo.

La crema protectora

La crema protectora adecuada es aquella que protege de la radiación UVA y UVB, es resistente al agua y sudor, tiene un factor de protección solar elevado (15-30), se adapta al tipo de pigmentación del niño y no contiene perfumes ni conservantes. Las cremas y leches, que contienen agentes hidratantes, son las más recomendables para bebés y niños. Se deben evitar los protectores solares en forma de spray, ya que pueden irritar los ojos y lo pueden inhalar.

El fotoprotector se aplicará treinta minutos antes de la exposición solar en todas las áreas expuestas (incluso en labios, orejas, palmas y plantas); repitiéndose la aplicación cada 60-90 minutos; más frecuentemente si el individuo está en el agua y el fotoprotector no es resistente a ésta. La fotoprotección tópica deberá ir asociada a sombrillas, sombreros, gorras, gafas de sol, etc. Se debe evitar la exposición solar en las horas centrales del día. Sin olvidar, que también se debe usar protección en los días nublados, puesto que la radiación solar atraviesa las nubes.

Piel del lactante

Por último, no debemos olvidar que la piel del lactante, sobre todo los menores de 6 meses, no tiene del todo desarrollados los mecanismos de protección natural; por lo que a esta edad, no deben exponerse nunca directamente al sol. En este mismo grupo de edad las cremas protectoras pueden resultar irritantes debido a las características especialmente sensibles de su piel; por lo que serán necesarias cremas especiales (filtros físicos).

Patricia Martínez Cepas - Médico residente en Pediatría (Hospital Son Espases)

13/07/2016

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Dr. Patricia Martínez Cepas
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